En la vida existen prioridades para todo el mundo. Para todo. Una de las mías es la música. Es absurdo. Lo sé.
Si dios hace a la gente y todos nos reunimos con los afines, uno de mis criterios es el de los gustos musicales.
Decía Javier Umpiérrez "Si la música puede curar a una persona, también puede matarla". Y creo que tiene razón. La música es el alimento del espíritu y personalmente me considero alguien muy espiritual y emocional.
La música es tan trascendente que incluso puede dictar pautas de personalidad y orillar a las personas a la toma de ciertas decisiones en cuestiones desde casuísticas hasta determinísticas.
En mi caso, la última relación amorosa en la que estuve se vio profundamente inlfuenciada por ese aspecto: viví todo un soundtrack que incluso tiene ya su playlist en mi Spotify.
La música que escuchaba mi mamá mientras yo fui niño (en otras palabras: la música con la que fui educado desde niño) me introdujo ideas de sumisión y abyección, fracturando mi percepción del tiempo y la definición de talentos y aptitudes propias que me podrían haber ayudado a tomar mejores decisiones en la vida si yo hubiera escuchado la música adecuada para una buena educación artística, vocacional, filosófica, existencial, y hasta ética.
Escuchar música es mucho más que poner ruido de fondo que acompañe nuestras actividades diarias. Es darle de comer a nuestra alma de manera nutritiva y deliciosa, como le damos tortas de pollo en salsa verde a nuestro cuerpo. Así de nutritivo y delicioso.
Si le metemos ideas nocivas a nuestra cabeza, nos haremos personas limitadas, vacías, morbosas, tóxicas, mediocres.
Si le metemos comida chatarra a nuestro cuerpo, nos haremos achacosos, gordos, insanos y fatigosos.
De la misma manera, si escuchamos música fácil de escuchar, música comercial carente de sentido y significado, nuestro espíritu se enajena, se desposee, se vacía, se esteriliza. Elegir las melodías con las que nuestro espíritu vibra en armonía con el universo es tan importante como tomar ese examen vocacional que nos dirá la mejor elección escolar para desarrollarnos integralmente como personas en la vida profesional y desde luego social.
Dije mucho y nada, pero la música que oigo en este momento me tiene muy atento a ella. ¡Ah! Porque en mi caso, la escucha no se limita a poner ruido de fondo: a mí me gusta percibir el ritmo, las instrumentos, las voces, las armonías, los efectos, los tiempos y los silencios, la composición, el mensaje, el significado, la asociación vital, la asociación emocional, la vivencia, el retrato, las personas, los momentos, las historias, el relato, los detalles, los aromas, las texturas, los colores, las reacciones, las sonrisas y las lágrimas, la coordinación y el ensamblaje, los ensayos, la grabación, el performance, el mundo y la vida que encierra cada pieza musical...
¡Ah!
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