Una vez alguien me preguntó: "¿...y qué es lo que más extrañas de Dulce?" - "Su presencia". Respondí sin titubeos.
En ocasiones aprecio a las personas por sus cualidades, y en muy contadas ocasiones aprecio las cualidades en sí mismas, y esas ocasiones tienen lugar cuando quienes las ostentan producen en mí cierta animadversión.
Creo que es importante tener este factor en cuenta porque es un fenómeno relativamente común el encontrarse en la vida con personas que van por el mundo buscando una lista de cualidades (al parecer cualidades que ellas no poseen en su persona personal) en lugar de buscar una relación con una persona por lo que ella es.
Es una mala costumbre el perfila a la gente por lo que tiene. Decía Antoine de Saint-Exupéry "los adultos entienden el mundo solamente por medio de números... cuántos años tienes, cuánto ganas en el trabajo, cuántos hijos tienes, cuánto sacaste en la escuela... ¡Esa chocante manía de entender el mundo en cantidades y no en cualidades!" Por supuesto creo que nuestro aviador infantil tiene razón. Pero creo que hay gente que también sabe ver el mundo en términos de cualidades. el verdadero problema es que no trasciende a ver el mundo en cuanto a lo que el mundo ES.
Al iniciar una relación del tipo que sea, mucha gente la inicia porque el nuevo personaje que forma parte de su mundo reúne un conjunto de cualidades. ¿Qué no las relaciones se tratan de disfrutar la presencia y no las cualidades? ¡No se supone que uno ande con alguien solamente porque reúne ciertas cualidades! ¡Andar no se trata de ir de compras, pasearse por el stock de novios y novias y elegir al que más te guste porque reúne las más de las cualidades de las lista de lo que quieres de alguien!
Si bien es cierto que uno no debe perder de vista dichas cualidades, tampoco puede uno tratar a la gente como objetos a los que se pueda auditar con esas listas.
A mí Dulce me gustaba por lo que ELLA ES, en sí y para mí. Aún me gusta. Me gusta lo que ella ES; y aun más... me gusta lo que yo SOY cuando ella está en mi vida.
Hoy no está, y aunque una parte de mi agoniza por ello, la que persiste en la vida se alegra con las canciones, los recuerdos, los aromas, las emociones, los planes, todo.
Te extraño, Dolcezza. Te extraño mucho. Es una pena que ya no lo sabrás.
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