viernes, 4 de diciembre de 2015

Caminos de la ciudad

Ser motociclista en una ciudad donde impera la ley de la selva y el egoísmo del camino es el pan de cada día en nuestras vialidades. Desde hace mucho tiempo he pensado que esta ciudad pronto va a implosionar, y ello se debe a que la generalidad de la ciudadanía está inmersa en sus propios asuntos. Por mirar hacia el espejo y mirarse sólo a sí mismo, pero ni siquiera en un plan de introspección, uno se olvida del exterior; se olvida de que los demás ciudadanos somos seres existentes, importantes y dignos de la misma consideración que uno.

Me refiero a que muchos automovilistas manejan cono si fueran ellos los únicos con un lugar a donde llegar, con prisa y desesperación; como si el resto de conductores debiéramos tenerles consideraciones especiales.

Esta gentuza está tan inmersa en su propio estrés que no se da cuenta de que con sus actitudes, lo único que hace es contribuir aún más a todo aquello que le genera ese estrés (tráfico vehicular, por ejemplo). Ahí va un ejemplo: El conductor R maneja como piloto de la F1 y se topa con un amarillo. ¿Qué hace? En lugar de verificar que aún cabe en el siguiente block, acelera y ya. El muy idiota se queda en la encrucijada del crucero y provoca tráfico. Los conductores de la perpendicular no pueden pasar en su propio paso. y para cuando ya pueden hacerlo, el efecto descrito se repite, pero ahora perpendicularmente. La gente no utiliza el color amarillo del semáforo. No lo sabe usar y no quiere usarlo en absoluto.

La gente no sabe manejar. La gente no respeta el espacio del compañero de camino; no le tiene consideraciones de clase alguna, pero quiere que el resto de lo tengamos.

La gente avienta el carro; avienta la camioneta, insulta, se pasa los altos, provoca el tráfico, se mete, da volantazos, va distraída ¡pendejeando con el puto celular!

¿Por qué la gente es tan desconsiderada y antipática con los compañeros del camino?

Con toda esa gentuza me sucede lo mismo que con aquella otra que no respeta las horas de sueño. Gente... ¿acaso no se dan cuenta de que sólo existen dos condiciones de vida? Despierto y dormido. Nuestros sueños son otra clase de vida. Incluso me atrevería a afirmar tajantemente que nuestros sueños son otra realidad contante y sonante. ¿Por qué faltar al respeto a eso no respetando las horas de sueño?

Regresando al tema: ¿por qué no respetar a la gente que nos acompaña en el camino? cediendo el paso, pasando de uno en uno, utilizando el amarillo del semáforo, anunciando el cambio de carril, acercándose con buen tiempo al lugar donde se dará vuelta para evitar el volantazo... 

La vida en la ciudad daría menos asco si la gente que maneja fuera mucho más considerada.



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