Una de las observaciones constantes de mi jefe cuando jugábamos juntos era: "¡Pinche Sigfrido, nunca vas por la pelota! Siempre te quedas parado en tu lugar... ¡No! ¡Tienes que correr, hacer fintas, tirar en diferentes ángulos!"
Este fin de semana que jugué Squash nuevamente, pero ahora solo y en un espacio abierto, enorme, y prácticamente a la luz de la luna, pude recordar con gratitud el haberme encontrado en mi camino a semejante amigo, a quien tuve el placer de conocer (que no tratar), y me quedé con algunos aprendizajes consecuentes de su compañerismo.
Las lecciones que me dejaron esas experiencias (ese trabajo, esos partidos de Squash y en general mi reciente línea de vida) son la siguientes:
1. Tal como el Squash, la vida es solamente un juego, y cuando se acaba, aprecias lo que fue.
2. La vida es un juego súper simple, aunque parezca complicado y difícil.
3. A pesar de ser fácil, la vida es un juego que te demandará todo tu esfuerzo y mucho más para poder ganar.
4. Las oportunidades son como las pelotas: siempre hay que correr súbitamente detrás de ellas y prever en dónde caerán, para recibirlas con un fuerte raquetazo cuando lleguen.
5. Las mejores experiencias son como las buenas jugadas: requieren de toda tu intuición y sagacidad, y cuando logras una, la sensación de campeonato supera cualquier problema que tengas al momento.
6. El rebote de la pelota es como las mejores experiencias: nunca sabes dónde ni cómo caerán, pero si las aprovechas, eso puede hacer la diferencia entre ser el ganador del juego o no.
7. No te tomes la vida tan en serio, de cualquier manera, todo es siempre un juego, y si vives por las reglas y no por la alegría, no vas a disfrutar el juego.

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